Sin Titulo

Sin titulo
Fotografía de imagen de video
1998

En Claudia Casarino, la reconstrucción de la propia identidad se realiza a partir de fragmentos –muchas veces dolientes- de sí misma. La condición humana, más allá del género o sexo, se muestra en sus diferentes posibilidades: en cicatrices que sobreviven al maltrato (sea espiritual o físico), en prótesis que nos ayudan a alcanzar –en apariencia- lo que soñamos ser.

Las investigaciones de Claudia Casarino responden –me atrevo a decir- a las necesidades de nuestra época. Época de presentes mediatizados, de goces virtuales y realidades fragmentarias. En un mundo donde las emociones se desplazan via internet y que ha erigido al televisor como supremo patriarca con potestad para modelar familias y establecer patrones conductuales, saber quiénes –en verdad- somos, se hace tarea urgente.

Claudia filma su cuerpo desnudo, en su totalidad y en partes y luego fotografía la imagen que el monitor le devuelve.
Allí se busca y se requiere. Allí indaga y se pregunta. Las circunstancias de la vida y las fantasías del consumo son luego ordenadamente dispuestas en cajas negras de madera y vidrio, intento precario de emular a la alta tecnología. (“son televisores tercermundistas” dice la artista con ironía). A manera de tótem, con ellas reconstituye su imagen como un espejo. El espejo en el que se mira y se rinde, cual Narciso eterno y contemporáneo, a la certitud de lo inalcanzable.
¿Identidad? El primer y último desafío.


Adriana Almada

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